Angustia15/02/2006 22:31

De vez en cuando me viene cierta angustia, se me sube todo y entonces lloro un poquito. Suele ser al ver a alguien que no sabe lo que tiene, cuando yo daría mi vida por cinco minutos como los suyos. ¿Qué decir? Me resigno y pienso en él. Y sigo adelante.

Si te caes siete veces, levántate ocho.

Angustia18/01/2006 15:55

Siento que terminé concienzudamente y que no me queda ningún cabo suelto. En cierto modo esto es bueno, pero ¿hasta qué punto? Noto que esto ya lo he vivido pero no recuerdo cómo se hacía para no pasarlo tan mal. ¿Es cuestión de práctica? ¿Me sentí así en su momento pero no lo recuerdo? ¿Llegará Enero a su fin?

Angustia11/01/2006 20:44

Y es que nada me entra por un oído y me sale por el otro. Todo me deja huella; aboslutamente todo, por mínimo que sea. Llamémosle rencor, pero es lo que me pasa.

¿Qué puedo hacer ahora? Soy un desperdicio; una entre un millón que salió ligeramente menos contaminada de la porquería de todo semejante que le rodea. No es mi culpa, no lo escogí, me fue impuesto. Vivo en los suburbios de la cultura y la educación y aún así me quedan fuerzas para imaginar en un mundo mejor. Histeria o qué se yo, sólo que me molesta y me siento sucia y me siento mal y rota por dentro. ¿Cómo me puedo sentir tan sola?

Angustia1/10/2005 22:55

[Fin de semana nº3]

No sé lo que pasa. Simplemente estoy dentro, como en Matrix. Reconozco mi reloj: son las diez treinta y cuatro de la mañana. De pronto aparece Mamá como por arte de magia. Triste, sola, apesadumbrada y con ojeras: me anuncia que no voy a clase. Asiento, graciosa y alegre. Ella sonríe con tristeza.

Al reír me percato de mi voz ronca y echo mano rápidamente a mi garganta; entiendo el porqué de mi falta de asistencia a clase. En mi pequeño trayecto hacia el salón me doy cuenta de que estoy en pijama, uno que hacía años que no me ponía y que acabo de descubrir, no sin sorpresa, que me sigue viniendo bien. Son las once en punto y yo no me lo creo. "¡Qué rápido pasa el tiempo!", pienso para mis adentros. Mamá se sienta a mi lado en lugar de en su sillón de siempre: me abraza. Correspondo su gesta, quedando yo bastante mal y nos separamos.

Pronto tenemos que ir al médico. Me visto, pero ni me fijo en la ropa; por las miradas de la gente de la calle, deduzco que no es una buena combinación. Espero las palabras crueles disfrazadas de inocencia de Mamá, pero al mirarla, ella me sonríe de nuevo con ese deje de tristeza que se asoma por la comisura de su boca y que, por mucho que quiera, no puede ocultar. Hemos llegado; y de nuevo me asombro por la rapidez en que corre el tiempo.

Me duele la cabeza, echo mano a ella, apretándola por el dolor que siento. Como flashes de luz, como un montón de fotos, me azotan y cierro los ojos, pero sigo viéndolos. Todo para, estoy ya en la consulta. Ha sido como una laguna, pero me recupero. Viene un hombre alto y de batín blanco, al cual no le veo la cara. Parece un cómic, tiene la sombra exacta para taparle los ojos. Me recuerda a Sin City y río un poco: el hombre me mira y me pregunta que de qué me río. Y yo entonces callo.

Le pasa a Mamá una hoja blanca, y ella trata de sonreír, pero no puede. Yo le arrebato la hojita muy a su pesar y sólo veo "11% de posibilidades". No es que esté borroso o algo así: es que es lo único que veo. Como en un videojuego, que hasta que no destapes una clave no puedes volver a un lugar y percatarte de algo nuevo. De nuevo los flashes, pero esta vez son muchos más. Y también duelen mucho más.

Estoy en la cuesta abajo del instituto, paseando a la izquierda de Mamá. El día está medio nublado, y entonces aparece Iván corriendo por el paso de peatones. Va vestido con los colores de No soy la típica friki, y no puedo reprimir una sonrisita burlona. Me pregunta que qué tal, y yo contesto asombrada, porque no me esperaba que él lo supiera. Le digo que bien, y otra vez los flashes. Sara está delante de mí, tirando a la izquierda. Lleva una torerita negra, sus pantalones vaqueros oscuros, las zapatillas de deporte, una camiseta blanca bajo la chaqueta y el pelo recogido en una coleta en medio con el resto del pelo suelto. Ya es de noche.

De nuevo, me preguntan que qué tal. Digo que bien, que tengo el 11% de posibilidades. A Sara le cambia la cara, y me abraza. "Lo siento", me dice al oído. "Lo siento, ¿por qué?", pregunto sonriendo. Ella se echa las manos a la boca. Yo ya no sonrío. De nuevo los flashes, ya no puedo controlarlo, estoy chillando como una loca. Aparezco en el sofá grande del salón, Mamá está llorando.

Le pregunto que qué pasa, y ella me da el papelito. Pone: "11% de posibilidades de vivir". Se me cae el mundo. Pequeño flash y aparecemos en la entrada, frente al espejo. Yo la abrazo y parece más pequeña de lo que es. Por primera vez en todo el día me veo la cara. Estoy más pálida de lo normal, tengo ojeras, los labios morados y un aspecto horrible. Amén de unas cuantas rojeces y granos un poco extraños. Mis brazos están igual; yo estoy igual. Toso, y mi mano se mancha de mi propia sangre. Llevo el pelo recogido en un pequeño moño bajo, y vuelvo a estar en pijama.

Me miro a los ojos, me da miedo lo que me inspiro a mí misma. Parpadeo y estoy bien. Mamá susurra "Un mes", y yo ya no puedo más, rompo a llorar. Me duele el corazón, mi mano va hacia mi pecho. Y se oye como un corte y una caída. Me acabo de dar cuenta mirándome a los ojos. Es un sueño, puedo pararlo. Lo estoy pasando bastante mal como para seguir. Así que me despierto, respirando dificultosamente. Toco mi cara; está húmeda porque estoy llorando. Me sigue doliendo el pecho, pero no tengo granos ni rojeces. Bufo con ganas.

Hacía tiempo que no tenía un sueño tan intenso como éste. No me despertaba llorando desde que soñé que Mamá moría y todo era especial y tétricamente real para mí. Disculpad si hoy estoy un poco espesa. A pesar de lo que parece, me ha llegado bastante.

Menudo principio de mes…

Escuchando: Lento (Julieta Venegas)
Sintiendo: Dolor.. pero él ha aparecido..

Angustia9/05/2005 17:20

Tristeza, dolor, angustia, sufrimiento, daño, tortura, tormento, suplicio, martirio, pesar, amargura, aflicción… y me quedo corta.

¿Qué fue de esos días en que, a pesar de haber llevado por mal camino toda la mañana, al llegar a casa sonreía sin proponérmelo? ¿Qué fue de aquellas veces en que, tan solo pensando en él conseguía evadirme de mis problemas y ser feliz? ¿Qué fue de todo aquello? ¿Qué fue de esa fuerza y ese valor para afrontar los problemas? ¿Dónde estoy? ¿Qué he hecho conmigo?

No me gusta ir a clase. Por primera vez en mi vida puedo decir que lo paso mal yendo a clase. Estoy abarrotada, me puede todo. Me pesa; y me está matando poquito a poco. Hoy empecé mal y acabé mal. Y no me apetecía sonreír; no quería reirme. No quería que nadie se me acercase ni tampoco participar en nada. Hoy no.

Estoy harta, harta, harta, harta, de verdad. Hastiada de mí misma y de todo este sofrito de sentimientos. He llegado a mi límite, no puedo más. ¿Fue mi decisión incorrecta? ¿Debí haber hecho lo que pensé? No, no haría nada más que causar dolor por doquier.

Hoy he pinchado… y me he sentido fatal. A pesar de las palabras tranquilizadoras y elogios. A pesar de la infinita paciencia y a pesar de TODO. Hoy me he colado, pero bien. Si no soy capaz de hacer eso… ¿qué haré con lo demás? ¿Dónde estoy? ¿A dónde has ido, Ángela

Debería hacerme la dura, la chica fuerte y decir que no me pasa nada. Y no darle importancia a cosas fatuas como son éstas que digo. Y sonreír, como siempre, aunque por dentro esté hecha un asco y mi corazoncito débil se esté pudriendo por los residuos que le vierto.

Debería coger mi máscara y mis disfraces y actuar como siempre hago en cuanto salgo de casa. Y ser graciosa, simpática, elocuente, perspicaz y amable. Y ser todo lo que aquí no llego a ser. Y ganarme a la gente y ser aparentemente fantástica. Y decir que me gusta algo cuando en realidad no y viceversa. Y mentir, como siempre hago.

Debería, pero hoy no lo hago. Hoy no es como siempre. Ayer lloré en cuanto me fui a la cama. No quería, pero sucedió. Y hoy, como si mi alma sintiese que con lo de ayer no fue suficiente, el llanto que se vio interrumpido volvió a aparecer. Como si lo regurgitara; como si saliese de mí sin voluntad propia

Nunca diré que estuve quince minutos con la cabeza apoyada en la almohada, justo después de que sonara mi despertador a las siete menos cuarto, llorando, en silencio. Ni mucho menos diré que, tras conseguir vestirme malamente, fui derecha al baño, a proseguir con mi llantera.

En cambio, y sin ser consciente de ello, hoy alardeé sobre mi dureza y mi fuerza. Pero eso no es ser fuerte y lo sé. ¿Qué he hecho con mi vida? Me busco, pero no me encuentro. Y solamente ella consigue hacerme soltar todo lo que tengo dentro y no suelto en todo el día, aunque quiera.

No es nada, pero es todo. No es nadie, pero son todos. No, no lo sé; por si a alguien se le ocurría preguntar qué me pasa. Simplemente no estoy. A veces me gustaría poder conseguir vivir de lleno en mi mundo, donde las noches son largas y frescas, pero no frías. Donde la luna es más grande y las estrellas brillan con más fuerza. Donde la playa es idílica, con arena fina y suave y el mar suelta un leve sonido que asemejan dulces melodías. Donde yo soy como soy y no estoy estresada. No hay ruidos fuertes, ni agobio, ni atascos ni estrés. Solamente ancianos paseando por aquí y por allá, niños correteando por las calles y familias felices por todos lados.

Ojalá pudiera ver con mis ojos ese lugar. En el que por el día brilla radiante el sol y no quema, pero calienta, y las noches son frescas, con miles de lucecitas por todos lados. Ojalá pueda estar allí algún día. Porque sé que existe ese lugar. El caso es saber dónde.

Hoy es el quince cumpleaños de Verónica. Se la veía extremadamente contenta. La felicité para mis adentros y continué mi tránsito taciturno.

P.D: Aconsejo ver el trailer de GoF, porque es realmente emocionante.