
Estoy histérica, pero me voy a Berlín. El vuelo es a las 11:05, y es el AB1233. Intentaré hacer cuantas más fotos y vídeos mejor, quiero enseñaros la ciudad a los que no habéis ido (y a los que habéis ido también xD), y que me veais de chica Lonely Planet (más quisiera).
Llego el día 19 a las 10:20, pero dudo que ese día haya dormido, así que empezaré a estar disponible a partir del 20. O… bueno, en realidad no; ese día viene Javi, pero os prometo que tendré un vídeo antes de que acaben las vacaciones (yo acabo el 3 de abril).
Os deseo una Feliz Semana Santa adelantada y que os lo paséis bien hagáis lo que hagáis. ¡Y acordaos de mí, que mañana cojo mi primer vuelo! jaja

Hoy ha sido un día bastante mierda, todo me ha salido al revés. Pese a ello, ha habido ciertos puntazos que me han encantado y me han alegrado el día. En historia, por ejemplo, me he desahogado con un compañero contándonos las penas. Todo empezó con un “¿qué te pasa?”, y quieras que no, me he liberado un poco , y aunque no todas las cosas sean importantes, uno se queda muy bien cuando las suelta.
No, no se trata de un estudio que haya hecho ninguna Universidad Estadounidense ni nada por el estilo, es algo que digo yo porque, si ya tenía la “ligera” sospecha de que estudiar envejecía, hoy he confirmado mis sospechas totalmente.
Desde principio de curso, muchos de mis compañeros y yo nos quedamos en clase en los recreos. No sé muy bien a quién se le ocurrió, pero lo cierto es que a todos nos resulta más cómodo: tenemos el aseo a tres pasos de la puerta de clase, nos quedamos menos personas, no pasamos frío, no nos molesta nadie ni hay sonido de patio (gente hablando y chillando) y aún encima no tenemos que bajar las escaleras para luego volver a subirlas, que es lo más importante.
Este hecho, por muy a chorrada que pueda sonar, hace que la mayoría de nosotros tenga la piel más blanca de lo normal al no recibir luz solar desde las ocho de la mañana hasta las dos de la tarde, día tras día, semana tras semana. Además de esto, como habéis podido comprobar el trabajo en este curso, al menos para mí, ha sido cuantioso, por lo que mis horas de descanso son generalmente pocas y malas.
Por ello, la mayor parte del curso tiene unas preciosísimas ojeras que van desde el verde botella hasta el morado, pasando por azul oscuro e incluso amarillo (totalmente, sin coñas).
Hoy, y debido al concurso al que nos hemos presentado unas compañeras y yo y que consiste en crear la página web del instituto, hemos tenido que ir haciendo fotos tanto de las instalaciones como de alumnos en clases. Así, hoy me he recorrido todo el instituto con una compañera y he visto desde niños de 1º de la E.S.O en clase de tecnología hasta gente de 4º en el laboratorio de biología, gente en el gimnasio jugando al voleibol y niños tocando la flauta acompañados por la batería del profesor de música.
Para terminar bien la jugada, nos hicimos fotos en nuestra propia clase de latín. Todos fingimos que hacíamos algo útil y otra compañera nos hizo la foto (sí, yo salí, pero desde atrás, como todo el mundo en todas las fotos). Después de un par de fotos, empezamos a hacernos a nosotros mismos, acabamos todos saliendo en las fotos y poniendo caras (¡cómo no!).
Al terminar la clase acompañamos al profesor de latín a la clase que le tocaba, 1º de bachillerato, y volvimos a hacer un par de fotos. Allí, comparamos las fotos de todo el día, y nos dimos cuenta definitivamente de la mala cara que teníamos todos. Aquéllo era algo bestial, la diferencia era abismal entre los chiquillos de la E.S.O y nosotros.
Es algo habitual que todos estemos enfermos o con dolencias: dolor de cabeza, lumbago, dolor de muelas, esguinces, pérdidas de cabello, tensión muscular, etc etc. Además, es raro encontrar a compañeros que no lleven encima medicamentos o cosas similares: neobrufen, efferalgan, bisolgrip, aspirina, lizipaína, valeriana, supradyn, saldeva, frenadol, entre otras muchas cosas.
Todos nos quejamos de algo que nos pasa, y muchos tenemos unas caras horribles. Y cuando vemos -por lo menos yo- a los niños de la E.S.O corriendo por los pasillos no sé si darles dos capones o ponerme melancólica. ¡Qué tiempos aquéllos! xD
Odio a la gente que no tiene tono para interiores.
Odio escuchar a Maná cada vez que me meto a la ducha y pongo la radio.
Odio que la gente espere que haga todo el trabajo por ellos.
Odio que a la ropa nueva se le vaya el olor y el tacto a nuevo en cuanto se lava.
Odio toda mi ropa.
Odio el autotexto de los Motorola.
Odio que mi impresora nunca imprima lo que se le pide cuando se le pide y en cambio te imprima cada dos por tres la página de sus instrucciones.
Odio ver todos los días mi correo y ver que mi media es de un mensaje cada cinco días.
Odio el frío de la mañana, y a la gente que nunca tiene frío.
Odio las figuras de Semana Santa de los Cristos en la cruz y las Vírgenes llorando, de piel cetrina y profunda expresión de dolor.
Odio la Hello Kitty que cuelga de mi móvil, quiero otra.
Odio el sonido de las campanas.
Odio cuando tienes algo en la mano y estás notando como, muy poco a poco, pero sin poder remediarlo, se te están cayendo las cosas.
Odio cada vez más a los preadolescentes y adolescentes de hoy en día (a pesar de que yo lo sea).
Odio mi pelo, y mi nariz, y mis ojos, y mi cuerpo…
Odio no ser alta.
Odio los pegotes de tinta que va soltando un boli Bic cuando se está quedando sin.
Odio que esté programada una cosa en la tele y luego no la den.
Odio que la gente haga sonidos y ruidos al masticar.



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