Es curioso como cada uno tiene su manera de hacer las cosas. No tienen por qué ser mejores o peores, simplemente diferentes; y adaptarse al modo de hacer las cosas de otros cuesta. Cuesta un huevo. En concreto a mí me cuesta horrores. Mucha gente me dice que es porque soy demasiado perfeccionista, y es totalmente cierto… a mí es muy fácil disgustarme.
Precisamente por eso he odiado siempre los trabajos en grupo, porque soy de ésas a las que siempre les tocaba currar. Mi mayor problema es que incluso conmigo soy muy exigente, de modo que con el resto lo soy igualmente. Podría decirse que algo que realmente me saca de quicio es la gente que no sólo hace las cosas mal sino que ni siquiera le importa hacerlas así.
Hoy, sin ir más lejos, una compañera de clase me pidió mi resumen del libro de sociolingüística del catalán y me prestó el suyo para ver cómo lo habíamos hecho. Lo cierto es que no me importó, ella es una buena estudiante (incluso más que yo), además de una chica alta, guapa y “sencillamente perfecta“. El problema de esta chica (el que creo que sólo notamos las féminas, ¿por qué será?) es que no es que me haya hecho nada personalmente, pero tiene algo. Me explico: no es las cosas que me dice, sino cómo lo dice.
Obviando el hecho de que no sería capaz de cuchichear con ella ni contarle cosas realmente interesantes de mí, lo cierto es que es una alumna modelo, y sé que competente es un rato largo. Pero nuevamente le he encontrado algo; volvamos al día de hoy: le presté dicho resumen, pero la avisé de que estaba grapado, y le dije que si iba a fotocopiárselo, que llevara cuidado. Pero nada, como quien oye llover. Al volver a clase encontré mi resumen encima de la mesa, con las esquinas todas dobladas y con una grapa nueva, más grande y en otro lugar diferente del que estaba la anterior grapa.
En sí el hecho es ridículo, y hasta me sorprendo a mí misma de hacer un post sobre ello, pero me cuesta mucho creer que a alguien así pueda importarle tan poco el resultado. En lo personal yo soy un desastre, y mi mochila, bolso y carpeta dan miedo; por no hablar de mi dormitorio… pero en lo acedémico soy impecable. No pretendo ser prepotente, sólo es que en esto no tengo falsa modestia porque sé que lo soy, a veces demasiado.
Este caso podría ser uno de ellos, pero es que no es la primera vez que presto algo y me lo devuelven hecho unos zorros. En concreto tengo otra compañera que sólo va a clases de informática, y al resto va a los exámenes. Así, cada vez que se acerca un examen de griego (atiende, que este viernes tengo uno), me pide el texto -trabajamos sobre uno solamente- y me lo devuelve con otra grapa. Personas así, tengo decenas; sin contar las veces que he pasado uno de mis resúmenes a ordenador a alguien de mi clase y al día siguiente los he visto en manos de gente de ciencias, que están en otro piso diferente al mío. No quiero ni imaginarme por cuántas manos pasó.
Yo puedo ser muy impecable para mis cosas, pero precisamente porque son mías. Yo no estoy aquí para facilitarle nada a nadie; que a mí no me lo dan así. Así que he decidido que a partir de ahora no voy a dejar NADA, y quien no se sume al carro, adiós muy buenas.