Han sido muchas las veces que me he preguntado qué será de lo que escribo cuando o bien no quiera escribir más, o no pueda, o simplemente fallezca.

Imaginad que (por Dios, ¡no!) fallezco repentinamente en un accidente de coche, de vuelta a casa. Imaginad que el palo es tan duro (lo sería, eso fijo) para mi familia, que no serían capaces de deshacerse de todo lo que me pertenece, incluido el blog.

Por supuesto ésta es una situación hipotética, aunque la verdad es que todos llegaremos a morir algún día. Incluso sin llegar a pensar en la situación de la muerte, es obvio que si prolongamos nuestro presente con todo lo que éste conlleva, imaginar que tu blog continúa pasados 10 años es algo, como mínimo, surrealista.

Porque todos aspiramos a llegar a tener un blog que tenga cierto éxito, que dure bastante (supongo que la edad “pro” de un blog es de 3 ó 4 años, quizá más), pero poco más. Obviamente hay quien en su primer año bloggeril puede hacerse el rey del mambo y convertirse en todo un icono. En cualquiera de los casos, desde el más famoso blogger español (o incluso del mundo), hasta el blogger más cutre con su Espacio MSN… ¿qué pasará con sus blogs cuando mueran?

Yo personalmente considero que hay ciertos blogs que merecería la pena mantener en la red, aunque jamás fuesen actualizados. También se me ocurre que en algunos casos, los bloggers cambiasen pero el blog en sí continuara su trayectora, estilo “editorial de revista”. Lo malo de esto, al menos para mí, es que se perdería la “magia” de la originalidad.

Y volviendo a mi caso particular… lo cierto es que las versiones anteriores de este blog continúan rondando por la red… ¿pasará igual pasados unos años?

No sé si es que soy muy pesimista, pero creo que pese a todo, aunque mantuvieran éste o cualquier otro blog en la red, fallecida yo (o cualquier blogger, importante o no), ya a casi nadie le interesaría lo que escribí.

Y es que consiedro que, llámenme extremista, la existencia, en sí, de un único ser humano, por importante que éste pueda llegar a ser, es tan insignificante que resulta hasta risible.