Creo que poquitas cosas me ponen tan nerviosa como el que me llamen por teléfono. No me refiero a nervios de ésos desquiciantes, sino a los otros. Debo reconocerlo, no me gusta que me llamen por teléfono, y mucho menos si no sé quién es. Si resulta que sí lo sé pero no quiero ponerme al teléfono, la situación tampoco es que sea mucho mejor.
Cuando uno empieza el curso nadie se interesa por nada, pero pasados unos meses ya hay alguien que te dice eso de:
Dame tu móvil o tu fijo, anda
¿Y qué se contesta a algo que ni siquiera es una pregunta? Pues nada, ¿verdad? Debo confesaros que tan sólo en una ocasión di un teléfono falso, y la persona a la que se lo di nunca me comentó nada extraño con lo que a “mi” número se refiere (de modo que supuse que nunca “me” llamó). Para los que no lo habéis hecho, os recomiendo que lo hagáis… pero no de manera habitual. Yo lo hice porque la persona en cuestión nunca me gustó, me daba mal rollo… así que ¿para qué darle mi número si sabía que en el momento en que me llamara, lo iba a pasar mal?
Y aquí viene el meollo del post (que me he liado yo sola): si puedo evitar hablar por teléfono con compañeros de clase, lo evito. Pero repito, es mucho peor cuando estoy sola en casa y llama alguien que sé que no es para mí. Tengo la extraña sensación de que voy a cagarla nada más al contestar… eso pasa porque no se me informa bien.
En cuanto a los números “misteriosos” que nadie conoce, lo cierto es que no tengo nada de curiosidad por saber quiénes son. Al contrario que mi madre (la cual llama a pesar de no tener ni idea de con quién habla), yo no tengo ni el más mínimo interés… pero guardo los números. Así, en mi móvil tengo unos 15 números a los que muy ingeniosa y originalmente he llamado “¿Quién? 1″, “¿Quién? 2″…
Y si de “números privados” hablamos… ahí ya directamente es que ya pueden llamarme hasta el día del Juicio que yo no pienso contestar. Creo que en un par de ocasiones lo hice: una era una chica sudamericana que me ofrecía contrato con Movistar y la otra era un tipo de Orange que también me ofrecía contrato (cosa que no puedo permitirme, dicho sea de paso).
Este par de experiencias me sobran y me bastan para no volver a caer. Además de éstas, en esta familia hay muchas más historias de llamadas misteriosas, como cuando llamaron a mi hermana al móvil preguntando por Carlos, de Mallorca.. o como cuando sonó el teléfono de mi casa y resulta que no era nadie, sólo escuchábamos una conversación de dos señoras (pero ellas no podían oírnos). En fin, estas cosas pasan.. y por eso yo prefiero no contestar.
¿Y si algún día me llaman diciéndome que me han visto por la calle y quieren convertirme en una famosa modelo…?



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