Ayer salí a ver las Hogueras que hay por aquí, grabé unos cuantos vídeos y tenía pensado hacer un vídeo general sobre les Fogueres de Sant Joan, pero recientes sucesos han hecho que mi moral ande por los suelos.
No me considero una persona especialmente agresiva, aunque reconozco que tengo mi pronto. Por desgracia, mi capacidad selectiva es pésima, y soy de ese tipo de personas que se callan lo que deben decir y dicen lo que deberían callarse. Siempre suelo evitar trifulcas innecesarias, y me como con patatas todo lo que se me pasa por la cabeza la mayor parte de las veces. A veces esto es toda una virtud, porque con un poco de concentración soy capaz de desconectar totalmente y ya nada me importa. La mayoría de las veces, en cambio, es todo lo contrario.
A mí siempre me han dicho que “a palabras necias, oídos sordos“, y aunque reconozco abiertamente que lo he intentado con perseverancia, a mí eso no me sirve. Ya no sólo porque generalmente me topo con gente hijaputa que sabe dónde tocar, sino porque mi mente va más rápido de lo que quisiera, y en lugar de centrarme en obviar comentarios hirientes, me centro en buenísimas respuestas que no suelo dar.
Lo cierto es que a día de hoy, y sabiendo lo que sé, no entiendo cómo puedo seguir funcionando del mismo modo. Soy una persona que no sabe decir que no. Esto es toda una putada, ya que tiendo a sentirme fatal si me niego a algo. Suelo tener por “ley” el dejar claro que no soy de esas personas a las que les gusta la gente (entiendo que cualquier persona necesita vivir en sociedad, pero para mí eso se reduce a lo mínimo), pero al final alguien acaba diciéndome algo que me mete en un aprieto, ya que -repito- no sé negarme sin sentirme mal.
Al final me niego, pero acabo montándola.


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