Cuando era pequeña, no había quien me despertase para ir a clase. Oía cómo mis hermanas y mi madre hacían un bien planeado ruido infernal, pero yo seguía durmiendo. Finalmente, y tras varios intentos fallutos de que una se despertara y comenzase el nuevo día, eran también mis hermanas las que me vestían, peinaban, hacían la mochila, el almuerzo… ¡Eh, pero me levantaba a las 7 los sábados para ver Marco!

Ahora, que tengo unos añitos más, me levanto a las seis aunque entro a clase a las ocho. En lugar de tener gente a mi alrededor que lo haga todo por mí (cosa que por otra parte era más que reconfortante), estoy totalmente sola. Y ya no tengo nada lo suficientemente interesante que hacer a las 7 de la mañana un sábado… Pero bien pensado… ¿Debería recuperar la cara dura y volver a tener mi séquito?