Sí me siento capacitada en este momento para disfrazar ostentosamente la cruda realidad y, de ese modo, conseguir o tratar de conseguir irme por las ramas poco a poco hasta hacer olvidar el principio de la frase a quien la esté leyendo. Sí puedo ahora mismo pensar en cómo doblegar la sucia falta de respeto que mi mente está tomándose la libertad de crear. Lo cierto es que estoy más que convencida de que podría estirar cuantiosamente el tiempo que empleé ayer en dar notoriedad de algo que no merecía ser observado por nadie a modo de diversión.
Las palabras que ayer se dieron a entender me dejaron más compungida de lo que resulta parecer a todos los de mi alrededor. Y pretendí, simple y llanamente, que mis principios, los cuales desde hace un buen tiempo insulto dejándolos de lado, no ganasen a mis ansias. Y he de creer o suponer o esperar, quién sabe, la respuesta a una retórica pregunta que aún ni siquiera he formulado. Pero da la casualidad de que no siento ni encuentro gana alguna en mí misma para explicar o recordar a quienquiera que se me presente de qué trata el Ubi sunt?.
Es probable, no pondría la mano en el fuego por ello, así y todo, que no canalice mi ira todo lo que podría hacerlo. Y eso es debido a que aún estoy aprendiendo a pensar y meditar mucho antes de dar una respuesta y conseguir hacerlo en una milésima de segundo. Sé que tal vez lo de pensar en una posible respuesta a una posible futura pregunta acerca de algo que se está tratando es precisamente lo que hace que yo no sea una alegre fuente de intercambio de sensaciones continua, como lo son muchísimas de las personas de este mundo.
Hay una delgadísima diferencia entre rozar y propasar y sé, por descontado, que poca gente consigue comprender totalmente el concepto de lo que esto significa y llevarlo a la práctica. Puedo entender que a simple vista resulta un tanto difícil, pero si se tiene algo de interés se puede conseguir captar de qué estoy hablando. Lo más lógico es que quien se haya dado por aludido/a justo en este punto sin dudarlo, es que sabe perfectamente las razones por las que escribo esto. Y me alegra, ya que de ese modo me ahorro mucha futura explicación.
Personalmente dudo que lo que hoy de madrugada sucedió fuese creado a partir de la nada por el destino. No es raro que mi cerebro actuase atando cabos y sacando conclusiones que abochornarían al mismísimo Sherlock Holmes de lo insultantemente obvias que eran. No es ni mucho menos extravagante. Tras un rato largo de meditación, llegué a la conclusión de que hacía muchísimo tiempo que nadie se mofaba de mí justo delante de mis narices, por lo que, tras ese pequeño gran inciso erróneo, estoy en mis plenos derechos de reaccionar ante lo mencionado de manera negativa. Porque, hasta ahora, simplemente estaba intercambiando diferentes ideas.
Quiero dejar claro que siempre puedo parecer anoréxica de inteligencia, pero muy pocas veces serlo. También quiero constatar que no necesito demostrar a nadie por qué valgo lo que valgo ni tampoco la situación en la que me encuentro. Pienso que quien tenga la increíble necesidad de demostrar lo dicho es que realmente es una persona con un autoestima muchísimo más elevado de lo normal. Y que, si es así, es precisamente porque en algún momento en su vida tuvo que encontrarse con una piedra en el camino y buscar una solución fácil, util, rápida y valiosa que le ayudase a pasar sobre ese impedimento.
Encontrar divertido y/o interesante el abrume ajeno no es digno de una persona que merezca mi pleno respeto. Reirse de las debilidades de otro es síntoma de una necesidad de encontrar un ser más indefenso que uno mismo. Tratar de encontrar un mínimo deje de imperfección, un punto muerto o algo que se le asemeje no es ni más ni menos que tener el tiempo suficiente para gastar energías en intentar hundir ligeramente a una persona. Además de que, quien practica dicho deporte de la vida real ha de saber que no siempre las personas con las que se practica son sumisas y maleables.
Soy consciente de que no es imprescindible y vital que yo me exprese como lo hago, pero también soy consciente de que tampoco lo es hacerlo con libertad ortográfica. Si algo falta en muchos de nosotros, eso es tolerancia. Decir que no me importa lo más mínimo quién eres, qué eres, desde cuándo eres y por qué eres, sería una grandísima falta de respeto; falta que, por supuesto, espero no tener que emplear con el tipo de personas que admiro. Advierto a quienquiera que le interese, que jugar conmigo a un juego tan divertido y peligroso como éste es prácticamente poner en marcha una rueda que tal vez no pare nunca. Hay que diferenciar bien entre lo que es pinchar y lo que es clavar, porque a veces esto se confunde.
No necesito que venga nadie y me trate como quien trata a un catedrático, porque es muy probable que la persona que hable sea mayor que yo y por eso encuentre entretenido lo que hace. De todos modos, si dicha persona tiene la edad suficiente como para, teóricamente, considerarlo adulto/a, que se comporte como tal; eso sería lo mínimo. Si dicha persona buscaba respuesta a la pregunta que hizo, le diré que le pregunte a quien ya sabe, porque yo estaba manteniendo una conversación. He de decir que a lo largo de mi corta vida he tenido la mala suerte de encontrarme con personas del mismo tipo y ninguna ha conseguido ofenderme. A estas alturas y, a pesar de lo joven que soy (relativamente), he aprendido a no tomarme en serio lo que una persona entre un millón me ha comentado. Eso simplemente sería cavar mi propia tumba; y espero con franqueza que no tenga que empezar a hacerlo a mi edad.
Yo no le debo nada a nadie, como tampoco nadie me debe nada a mí. Obligar sutilmente a que empiece algo que no quiero no está nada bien. Querer propasarse tampoco está nada bien; pero, por supuesto, yo no soy quién para dar lecciones de moral, por lo que, si me veo presionada a tomar medidas, las tomaré. No necesito mucho, ya que, con que yo misma me mentalice, ya es suficiente. Espero que nadie se lo tome a amenaza ni nada por el estilo, porque no lo es. Lo cierto es que no estoy ni lo mínimamente mosqueada como para pensar en la posibilidad de maquinar algo como una especie de amenaza; eso sería perder más tiempo del que estoy perdiendo.
Esto es solo algo que tenía ganas de escribir y que, en lugar de esconderlo en un cajón, lo comparto con las personas que realmente sé que merecen la pena en toda su plenitud; porque me han mostrado todas sus facetas y me han gustado todas, sin tener la necesidad de catalogar como nada a ninguna de ellas.
Recordad que no fui yo quien os buscó, si no al contrario. Y que, a pesar del nexo que nos une, no he de comportarme de una manera obesa de hipocresía para hacer que dicho nexo se sienta orgulloso y/o satisfecho. Que el nexo sea sociable no quiere decir que yo lo sea también.
Ahora, si me disculpáis, dedicaré este último párrafo a ella, quien estará de vuelta muy pero que muy pronto. Tengo muchísimas ganas de volver a verlos a los dos, porque ya prácticamente me he olvidado de sus caras. A ver si consigo superarme a mí misma y a ese pequeño problema que ya mencioné en otro post… ú.ù