A todos, esta vez, y de verdad, Feliz Año Nuevo. =)
Uno entre 366, sólo en años bisiestos
Hay días en los que una preferiría una buena película de DVD en lugar de un cine lleno de gente. Hay días en que una preferiría escribir en lugar de leer. En los que preferiría dibujar en lugar de pintar. Hay días en los que una servidora tiende a encerrarse en sí misma. Y en días como esos, ésta se siente bien. Se siente orgullosa de poder decir sin remordimiento alguno que está asuente. Se siente muy bien. Por una vez en todo un año, se siente bien durante un día entero.
Lo que le supone algo maravilloso, ya que siempre había algo pinchándole. Pero hay días, tal vez sólo uno entre 366, en los que adora cómo se siente. Y puede que, quizá a partir de ahora, y cada cuatro años, encuentre un día como éstos. Porque hay días en los que ella emite una leve alegría a los demás aunque no sonría. No busca hacerlo ni que los demás lo reconozcan, si no que lo hace inconscientemente.Como debe de ser. Sin quererlo. Pero haciéndolo. Hoy me siento así. Me siento bien. Pero no contenta. Hoy es un día de ésos, uno entre 366. Sólo en años bisiestos.
Everybody’s talking at me
I don’t hear a word they’re saying
only the echoes of my mind
People stopping staring,
I can’t see their faces,
Only the shadows of their eyes…
I’m going where the sun keeps shining
Thru’ the pouring rain,
Going where the weather suits my clothes,
Backing off of the North East wind,
Sailing on summer breeze
And skipping over the ocean like a stone..
I’m going where the sun keeps shining
Thru’ the pouring rain,
Going where the weather suits my clothes
Backing off of the North East wind,
Sailing on summer breeze
And skipping over the ocean like a stone…
Everybody’s talking at me
I can’t hear a word they’re saying
only the echoes of my mind
I won’t let you leave my love behind
I won’t let you leave…
I won’t let you leave my love behind…
Felicidades, Natalia. :)
Día 62: Gritando a, en y para el universo
En mitad de este universo plagado de desvaríos e inteligencia extremadamente limitada. Entre la espada y la pared y sin poder mover ni un solo dedo. Es frío, triste, húmedo y me duele. Me hace daño aquí. "¿Cómo es el dolor?", dice él. Juega conmigo cual marioneta vieja y hajada. Y se divierte conmigo. "¿Cómo es el dolor?", repite de nuevo. No le sé contestar. Juega más y mejor. "¿Las heridas duelen?", pregunta ahora en tono infantil. "Sólo un poco, curan rápido", digo entonces yo. "¿Cómo es el dolor? Nunca me han herido de verdad y me preguntaba cómo se siente…" No sé qué contestar. A pesar de mi experiencia, no puedo contestarle. Me tiene prisionera y no me deja respirar. Quiero salir, salir, salir de aquí. Y no puedo decirlo. Ni pensarlo siquiera. Él tiene la capacidad para convertirse en muchas cosas y obligarme a quedarme donde estoy. Paralizarme y dejarme hecha trizas. Y lo hace. Puede. Cuando quiero hablar, me cierra la boca. Cuando quiero pensar, me hace dormir. Cuando quiero andar, me pone obstáculos para que decida volver hacia atrás en lugar de ir hacia delante. Cuando quiero gritar, me deja afónica. Y estoy impotente. Y no sé qué hacer. En mitad de este universo plagado de devaríos e inteligencia extremadamente limitada. Entre la espada y la pared y sin poder mover ni un solo dedo. Es frío, triste, húmedo y me duele. Me hace daño aquí. "¿Cómo es el dolor?", dice él. Juega conmigo cual marioneta vieja y hajada. Y se divierte conmigo. "¿Cómo es el dolor?", repito entonces yo. "El dolor, para mí, es no poder decir lo que quieres, donde quieres, cuando quieres y que, además, nadie te comprenda."
No pude ser como yo suelo ser. No me salió de dentro. Sólo pude soltar ese tonillo de tristeza que no había utilizado hace mucho. Y no pude buscar otro. No había. Y ella me miró mal. Y me decía cosas feas. Y no me dejaba pensar. Y yo lloraba. Y no pude parar. Y no he podido parar. Y sigo haciéndolo. Debía pensar que mi mirada era ofensiva, que quería hacerle daño, pero me lo hizo ella a mí. Y dudo de que así fuese. Porque jamás había estado tan triste. Porque lo sé, que me conozco bien. Y luego quise llorar más. Y desahogarme. Y gritar. Pero tampoco ella me dejó. Ni siquiera en el lugar donde se supone que puedo refugiarme. Ni siquiera ahí. Y entonces lloré más. Y tuve que buscarme otro refugio. Y lo encontré, pero no fue bueno. Y me entraron ganas de no volver a hablar nunca. De callarme todas mis opiniones, mis pensamientos, mis ideas… De que nadie nunca pudiese ir en contra de mis palabras, porque jamás las dije. Y me sigue gustando esa idea. No me gusta mi voz, nunca me ha gustado, así que no usarla es lo mejor para mí. Seis horas al día serán cruciales, sí, pero poco más… Respuestas cortas, simples y sin tono alguno, para que nadie se ofenda, ya que parece ser que tengo experiencia en hacer eso…
Y todo por una tontería. Y pudo conmigo. Y me pedía explicaciones. Y pienso que quizá ella jamás haya experimentado sensación parecida. Y tal vez por eso busque razones por las cuales estoy así. Y sé que no las hay. Porque no es una, ni dos, ni tres… son muchísimas. Ella no lo sabe. Ni lo sabrá nunca. Nunca. Y ahora me mira de ese modo. Como si yo le debiera disculpas por estar como estoy. ¿Y cómo estoy? Harta de la vida, así es como estoy.


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