Durante estos días he estado pensando en tantas cosas que he perdido la cuenta. Entre las decenas de cosas que me suceden día a día, creo que sólo hay una que me sigue rondando por la cabeza. Y esa es que me siento perdida. Ahora que ya se acaba todo, ¿qué será de mí?.
En cuanto al insituto…ahora es cuando mejor estoy, y ahora es cuando se acaba todo. Es como conseguir la meta deseada después de tanto tiempo, ¿No?. Como si ya no tuviera más que hacer y pudiera marcharme sin demora hacia ningún lugar. Y parece que a los demás les es indiferente…me repatea.
Ahora son las 19:38 y en casa todo está abierto. Oigo unos cuantos petardos a lo lejos y algunos aquí cerca.
Uno, dos, tres y cuatro… cinco, seis, siete y ocho…parece que no se cansan.
Dales un mechero y una bolsa con palitos llenos de pólvora y verás que son tan fáciles de complacer como un niño pequeño.
Tal vez es que aún son niños pequeños. Ellos allá afuera con sus petardos y su diversión ilimitada y yo aquí, comiéndome la cabeza por algo que aún no ha sucedido. El problema, aunque tampoco sé si llamarlo de ese modo, es que yo no soy tan fácil de complacer. Y el estar toda una tarde en la calle tirando petardos no me resulta de ninguna manera interesante y mucho menos divertido. Si miras por la ventana, ves caras felices por doquier. Como si esas sonrisas las robasen a otras personas y se las pusieran en su semblante. Es como si al verles pudieran quitar lo mejor de ti en un pequeño momento.
Aunque los momentos no duran tanto como se piensa, para mí esos son los momentos infinitos. Cuando ves a una madre con sus hijos y los niños corren, saltan, brincan, rien, chillan, hablan y lo mejor de todo: son felices. Me roban esperanza y alegría, pero no me importa..
Felices Hogueras 2004
Status: Perdida


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